Educar desde el sentir: puentes de sabiduría y emoción en el aprendizaje

Una reflexión sobre la afectividad, los vínculos humanos y la mediación pedagógica, a propósito de nuestro ensayo publicado en la Revista Académica Arjé.

Mgtr. Antonio F. García Zamora. 

Hay preguntas que me acompañan cada vez que ingreso al espacio de un aula. Algunas tienen que ver con lo que mediamos; otras, con aquello que las personas aprendientes descubren, expresan y construyen durante su proceso educativo. Pero, con el paso de los años, ha adquirido un significado especial en mi manera de comprender la educación: ¿qué lugar ocupan las emociones y los vínculos humanos en nuestras experiencias de aprendizaje?

Desde mi quehacer como persona mediadora y artista visual, he podido reconocer que aprender no es únicamente comprender un concepto, desarrollar una habilidad o alcanzar un objetivo curricular. También implica sentir, compartir, equivocarse, descubrir posibilidades y encontrar en otras personas la confianza necesaria para atreverse a crear.

Estas inquietudes forman parte del camino que comparto con mi compañera de Doctorado Tattiana Zumbado-Sandí, con quien he tenido la oportunidad de entretejer reflexiones sobre la educación, la afectividad y la complejidad. De ese encuentro de saberes, experiencias y sensibilidades surge nuestro ensayo académico «Puentes de sabiduría y emoción en la mediación pedagógica del aprendizaje escolar», publicado el 23 de octubre de 2026 en la Revista Académica Arjé, de la Universidad Técnica Nacional (Costa Rica).

Cuando el aprendizaje también se siente

En ocasiones, las exigencias curriculares, los tiempos escolares y las responsabilidades cotidianas pueden hacernos perder de vista algo fundamental: detrás de cada proceso de aprendizaje existe una persona con emociones, historias, inquietudes y maneras particulares de relacionarse con el mundo.

Considero que la mediación pedagógica necesita reconocer esa dimensión humana que muchas veces se pierde en la academia. No se trata de restar importancia al conocimiento ni de sustituir el rigor académico por la afectividad, sino de comprender que ambos pueden enriquecerse mutuamente.

Una palabra de ánimo, una pregunta que despierta curiosidad, una conversación oportuna o la posibilidad de expresar libremente una idea pueden transformar nuestra manera de vivir el aula. Son experiencias que difícilmente caben en una calificación, pero que pueden permanecer en nuestra memoria mucho después de haber terminado una lección.

Desde las artes visuales encuentro una relación especialmente significativa con esta forma de comprender la educación. Una línea, un color o una imagen pueden convertirse en oportunidades para comunicar aquello que no siempre sabemos expresar mediante las palabras. El arte nos recuerda que existen diversas maneras de conocer y que la sensibilidad también participa en la construcción de nuestros saberes.

Una educación que se construye en el encuentro

Nuestro ensayo se nutre de las reflexiones y experiencias pedagógicas compartidas en la Comunidad Aprendiente Atenea, desde una mirada que dialoga con la biopedagogía, la complejidad y la dimensión afectiva de la educación.

Pensar desde la complejidad nos invita a reconocer que los procesos educativos no ocurren de manera aislada. Aprendemos en relación con otras personas, con nuestros entornos, con nuestras emociones y con las experiencias que van dando sentido a nuestra existencia.

Esta perspectiva también me lleva a interrogar mi propia práctica. ¿Escucho verdaderamente a quienes aprenden conmigo? ¿Reconozco sus diferentes formas de participar y crear? ¿Estoy construyendo espacios donde el conocimiento pueda encontrarse con el respeto, la confianza y la ternura?

No siempre existen respuestas inmediatas. Sin embargo, considero que mantener vivas estas preguntas es parte esencial de nuestro compromiso como personas educadoras.

Compartir lo aprendido para continuar aprendiendo

Recibo esta publicación con gratitud y con la alegría de saber que nuestras reflexiones encuentran un espacio para dialogar con otras personas interesadas en la educación. Agradezco a Tattiana por este recorrido compartido y a la Revista Académica Arjé por abrir sus páginas a una mirada que reconoce el valor de los vínculos afectivos en la mediación pedagógica.

Más que presentar conclusiones definitivas, deseo que este ensayo contribuya a generar nuevas preguntas, conversaciones y posibilidades para repensar nuestras prácticas educativas.

Porque educar también supone estar dispuestos a aprender de quienes nos acompañan. Es reconocer que el conocimiento puede construirse desde la escucha, la curiosidad, la sensibilidad y el encuentro con otras formas de comprender la vida.

Los invito a leer nuestro ensayo y a compartir sus reflexiones. Quizás, al encontrarnos en estas palabras, podamos seguir imaginando una educación donde aprender y sentir no recorran caminos separados.

Leer la publicación académica

«Puentes de sabiduría y emoción en la mediación pedagógica del aprendizaje escolar»

Autores: Antonio Francisco García-Zamora y Tattiana de los Ángeles Zumbado-Sandí.

Revista Académica Arjé, volumen 9, número 2 (2026). Universidad Técnica Nacional, Costa Rica.

Leer el ensayo completo en la Revista Arjé

DOI: https://doi.org/10.47633/9m6xpj42

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